*Este es uno de los tanto juegos de escritura que me gusta hacer. Mi último destino inspiró el siguiente relato en base a las palabras que se forman de su nombre. Lo lindo de estas historias, es cómo las palabras dentro de una palabra puden guiar en forma tan coherente una historia. En fin, disfrútelo. Ah y fotos habrá en apartado especial de BORACAY:
Caro, Cara, Barco, Cayo, Rayo, Cobra, Arco, Aro, Cabo, Boca, Baco, Baya, Rabo, Roca, Roba, Orca, Abro, Ora, Oca, Obra.
Boracay es una pequeña isla al sur de las Filipinas. Pequeño cabo
insular capaz de dejarte con la boca abierta cuando lo visites. Cayo que
constituye una verdadera obra magistral por parte de nuestra querida amiga la
madre naturaleza. El concepto de océano pacífico cobra fuerza cuando se
frecuentan las playas de este arco de islas ubicado sobre el océano no
beligerante. Cada roca que se posa sobre las cristalinas aguas que bañan a la
isla, puede constituir la mejor postal o retrato que se pueda obtener.
Mágicamente encantadora la hermosa Boracay.
Pese a que cierro mi estadía en este sitio, abro al mismo un lugar
especial en mi memoria junto al anhelo de poder regresar para recibir
nuevamente en mi cara cada tierno rayo del astro rey durante un día de
relajación y amena interacción internacional. Es increíble como aquí se come
muy rico sin que sea caro, por el contrario es irrisoriamente barato.
Esta bien podría haber sido también la tierra de Baco, el dios de la
parranda de acuerdo a la literatura griega, ya que aquí se consume una
importante cantidad de bebidas espirituosas –incendios a la postre apagados con
licuados de alguna baya o fruta especial– para luego salir a disfrutar de
hermosas noches de fiesta en compañía de nuevos amigos foráneos, locales e
inclusive las indeseadas prostitravestis locales, que con la misma persistencia
diaria del musulmán que ora en dirección a la meca te ofrecen sus servicios adhiriéndose
a tu brazo cual garrapatas al tentador rabo de un perro muy peludo. Ah, muy
buena música.
El palmípedo más común de la isla no es ni la paloma ni el gorrión, sino
que increíblemente resulta ser el gallo. Igualmente uno se acostumbra a esta
nefasta ave que lo arrancará en sendas ocasiones a uno del sueño más profundo
inclusive al escuchar su característico llamado en manada a partir de las
cuatro de la mañana en sus días mas intolerantes, no cesando en su canto si es
que así se le puede llamar a la porquería de ruido que hacen en lo que reste de
la jornada.
Los lugareños son muy dados a la actividad física. Aman el boxeo
resultando en que se entrenen en demasía haciendo fierros hasta quedar bastante
paqueteados. Pero el deporte que más los cautiva es intentar encestar una
pelota naranja a través de un aro, léase basquetbol. Lo que resulta curioso, es
que para las actividades que acabo de comentar no los acompañe demasiado la
estatura ya que suelen andar en promedio en el metro sesenta de altura. Yo, que
verdaderamente soy una laucha me siento alto como el Empire State, canción
que a su vez suena mucho en la noche.
No tuve la suerte de ver aquí ninguna orca ni siquiera sabiendo si eso
es posible, aunque sí se puede apreciar la más rica fauna marina si uno decide realizar una sesión de buceo de diversión, que
suena más lindo en sajón como “fun dive”. En mi caso conocí al pez trompeta
entre otras especies, descendí por una impresionante pared de coral oblicua al
fondo marino y obtuve mis primeros retratos submarinos, hechos todos sumamente
inolvidables.
Actividades acuáticas sobran así como tan variada es la miríada de su
oferta. Amantes del Buceo, Jet Ski, Paddleboarding, Wakeboard, Kayak y Snorkel,
este es su lugar. Para aquellos que prefieran actividades con menor cantidad de
adrenalina, pueden disfrutar igualmente de amenos paseos en barco ingiriendo
alguna bebida y tomando esporádicos baños en el plácido océano.
Algo es seguro, esta isla te roba parte del corazón, siendo mayor la
porción cuanto mas tiempo le dediques.
¡Hasta la vista Boracay!
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