El título es confuso, y
las situaciones que engloba, pese a claras han finalizado en un gran meollo de emociones
a la vez. Todo eso ha provocado la segunda estadía polaca, en la
viva ¡viva! Kraków, ciudad que por el tiempo pasado aquí he llegado a
comprender verdaderamente y disfrutar a pleno. Otras hubieran sido las
condiciones, otro el pasaporte que tuviera actualmente en mano (léase el europeo),
otras serías las palabras que aquí
estaría escribiendo actualmente a bordo del avión que me traslada de
Madrid a New York, puesto que probablemente no lo hubiese abordado y hubiese
intentado otra suerte en la tierra del idioma más complicado de Europa, pero en
este momento, aunque no sienta que el pasado reciente lo haya sido, todo es en
vano…
| entreverado como los collages del mocak y jiri klasek |
Distinto a todo lo que
he narrado anteriormente en actitud y tónica, las palabras que enlazo en este
momento pueden verse empapadas de cierta melancolía y tristeza, aunque no hayan
sido en ningún momento ésos los sentimientos que me recorrieran a lo largo de
las dos semanas vividas en los brazos de cracovia. La trama principal de este capítulo no la
contaré aquí, ni a posteriori en algo parecido a una de las tantas columnas
elaboradas, ya que dicha historia no se merece una simple y mera descripción
cual si hubiera sido un capítulo más de un viaje dentro de un viaje, es eso,
fue algo más. Lo que tenga para decir sobre todo ello, quizás algún@ lo
escuchará en otro momento.
| the sad view from the afternoon... |
Dejando las interrogantes
a un lado para rescatar las grandezas de esta experiencia, puedo decir al
respecto de esta ciudad que siempre ofrecerá algo para el disfrute,
especialmente cuando se está bien acompañado ya que se trata de una ciudad
Universitaria por excelencia, haciendo que los cafés y pubs, a la tarde y noche
respectivamente estén siempre congestionados y muy animados, ya sea en sesiones
de estudio o de escavio simplemente. La ciudad exhala cultura y opciones para
el entretenimiento de sus poros. Música todas las noches, sesiones jam de
blues, funk y rock @Harry’s Piano Jazz Bar, bandas en el Lizard King, milongas
polacas para escuchar y bailar unos tangachos al borde del río Wisla, cafés y czekoladas en Spokol, cuya traducción
significa “calma”, la viva noche de
Frantic, las mejores Zapiekanki del condado en Kazimierz, la tradicional y
única cherry vodka en “Pauza” o mil y un otros lugares más, el vino que vino
caliente en formato sangría entre tantas otras cosas… Puffff, la lista se me
hace interminable y valiosamente inolvidable a la vez…
La city alberga también
algunos museos muy interesantes, entre ellos la fábrica de Schindler, que se
encarga no solo de narrar la historia conocida por todos aquellos que han visto
la película de Spielberg, sino a su vez quitar el velo mitómano alrededor de su
persona, mostrándolo más humano, cómo el hombre humanitario mujeriego y de buen
beber que aparentemente fuera, todo enmarcado en lo que vivió Cracovia durante
la ocupación nazi en la segunda guerra, ocupación que por fortuna no tuviera el
impacto destructivo que tuvo sobre otras ciudades como es el caso de Varsovia
que fue reducida a añicos, aunque sí a escasa distancia, el peor de los males:
Auschwitz, el campo de exterminio más terrible y trágico de Europa sobre el
cual ya hablé en mi primera visita a estas tierras.
Como es usual, salvo por
el caso de nuestra benemérita capital, esta ciudad también alberga un museo de
Arte Moderno (el MOCAK), y particularmente uno muy bueno que se vistió de galas
por estos días inaugurando nuevas colecciones temporales y que por casualidad
tuve el gusto y privilegio de asistir al lanzamiento de las exhibiciones que
fueron acompañados de diversas actividades recreativas e interactivas con los
artistas que se encontraban presentes. Distinto, divertido e interesante, todo
a la vez. No conforme la ciudad con tener este espacio cultural, ofrece también
un búnker de arte moderno, dónde insurgentes artistas or wannabes en algunos
casos de todas partes del mundo, también encuentran su lugar para mostrarse y
empezar a hacerse conocer de a poco.
En fin, abandono el
barco cuasi precipitadamente porque a cada segundo que transcurría se hacía
cada vez mas difícil quedarse y marcharse, contradictorio pero real, Barcelona
y supongo bocha de alcohol y ocio lo que intenten calmar el alicaído espíritu
que me llevo de esta ciudad producto de la partida.
El único deseo que emito
para cerrar este breve “racconto”, es que se cumplan en forma conjunta un par
de proverbios o frases populares que rezan: “No hay dos sin tres” y me refiero
a visitas, y “la tercera es la vencida…”.
Salud a Ti, y a ti
Cracovia por darme tanto, pese a que no haya podido ser aura…
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